España hoy
No sé si es cosa mía, pero me pareció que hoy todo el mundo era un poco más feliz por la calle. La gente no tocaba el claxon a las dos décimas de segundo de abrirse los semáforos y los roces en el curro se llevaban con la tranquilidad del que sólo se acuerda de que ayer se lo pasó tan bien que va a disfrutarlo mientras aún lo tiene fresco, le pese a quien le pese.
Decía esta noche a las tantas, recién llegado de celebrar la victoria en la Eurocopa con los amigos, que nos habíamos quitado un montón de traumas de encima. El primero, el de los cuartos de final, y el segundo el de la bandera. Ésa que tenía secuestrada la derecha desde hace ni se sabe y que ya vuelve a ser de todos. Igual que las ikurriñas que había en la grada el día de Italia.
Estas cosas se ven mejor desde fuera, claro. Y no lo digo sólo por los emigrantes (alguien se lo pasó en grande ayer en Berlín), hasta en el New York Times se dieron cuenta de que por fin dimos la impresión de ser un país serio y no una casa de putas.
Lo siento por Urkullu y compañía. O no. Que se jodan.


