Antes de mudarme a mi nueva casa y mi nueva vida, desayunaba delante del ordenador, leyendo los periódicos y repasando el correo. Ahora salgo a la miniterraza que tenemos en la cocina, que da directamente a un paisaje rural, con huertas, árboles y animalejos varios. La verdad es que no hay color.
Entre los animalillos hay un gallo, que canta puntual todas las mañanas y por las tardes sale de paseo con un par de gallinas. Es un gallo grande, con el cuello rojo y esos andares que se gastan los gallos cuando no hay otro cerca que les pueda bajar los humos. Escuchar el canto del gallo mientras desayuno, con los pajarillos de fondo y un bonito paisaje, es todo un lujo, para qué nos vamos a engañar. Me queda, eso sí, la duda de cómo de bonito será esto en verano, cuando haya que dormir con la ventana abierta y sea el gallo el que decida cuándo hay que escucharle, en vez de vivir bajo la tiranía del vidrio.
Por si acaso, me voy a comprar un tirachinas.