Manda cojones. Leo hoy el El País que la Iglesia Católica ha ido a llorarle a la ONU porque la gente no sólo pasa de ellos sino que se los toma a cachondeo. Como si ver a un anciano con un vestido blanco hablando de condones pudiera tomarse en serio.
Dicen los de las sotanas que, al criticarles, se atenta contra la libertad religiosa y, por ende, contra la libertad de expresión. Ellos, que cuando tenían más poder quemaban a los que pensaban distinto y ahora que lo van perdiendo los excomulgan, desde Miguel Servet a la madre de esa niña brasileña de nueve años que decidió que no quería tener un hijo fruto de una violación.
Hablan de libertades ellos, que cada vez que se aprueba una ley para dar más libertades a los ciudadanos (matrimonio homosexual, aborto), ponen el grito en el cielo y salen en manifestación. Ellos, que no tienen incoveniente en aceptar en su secta a niños de meses que no son conscientes de dónde se meten y que cuando crecen se encuentran con mil trabas para salir de sus archivos.
Apelan incluso al Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Ellos, que no los reconocen.
Pero lo mejor de todo es que hablan de "intolerancia contra los cristianos" quince días antes de que vayan a colapsar media España para sacar de paseo a sus muñecos a hombros de tipos disfrazados como el Ku-Klux-Klan.
No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece. (Bilbo Bolsón)
24.3.09
18.3.09
Colaborando con la ciencia
Por razones y circunstancias que no vienen al caso, y de las que, todo sea dicho, tampoco me acuerdo, he caído en manos del dentista para, digamos, tapar unos huecos. Cosas de los treinta, los hay que pierden pelo y los hay que pierden piños. Contra toda previsión, lo único que me ha dolido, y me va a seguir doliendo una temporada, es el bolsillo.
Como no hay mal que por bien no venga, y como algún aspecto positivo habrá que sacarle a las desgracias (propias, porque a las ajenas es más sencillo), por lo visto he entrado en el fichero de uno de los más afamados especialistas europeos en bocas ajenas (no, no es Rocco Siffredi, es un dentista), así que supongo que mi mal servirá para que alguien, dentro de un tiempo, lo tenga un poco más fácil para no tener los dientes como perlas, esto es, escasos.
Eso sí, por lo que me comentó mi dentista, todavía no hemos encontrado un sustituto eficaz para los pinchazos de la anestesia, así que los alérgicos a las agujas tendremos que seguir cerrando bien los ojos cuando nos sentemos en la silla más aterradora después de la eléctrica. ¿O era antes?
Como no hay mal que por bien no venga, y como algún aspecto positivo habrá que sacarle a las desgracias (propias, porque a las ajenas es más sencillo), por lo visto he entrado en el fichero de uno de los más afamados especialistas europeos en bocas ajenas (no, no es Rocco Siffredi, es un dentista), así que supongo que mi mal servirá para que alguien, dentro de un tiempo, lo tenga un poco más fácil para no tener los dientes como perlas, esto es, escasos.
Eso sí, por lo que me comentó mi dentista, todavía no hemos encontrado un sustituto eficaz para los pinchazos de la anestesia, así que los alérgicos a las agujas tendremos que seguir cerrando bien los ojos cuando nos sentemos en la silla más aterradora después de la eléctrica. ¿O era antes?
4.3.09
Bocazas presidenciales
Que la mayoría de los presidentes de equipos de fútbol son semianalfabetos es algo que creo que sabe todo el mundo que está al tanto de lo que se cuece en el balompié (esto es, que de vez en cuando abre un periódico deportivo). Su cuasi-analfabetismo es más de tipo funcional, es decir, seguramente saben leer, escribir, construir frases sencillas y, sobre todo, contar, pero a la hora de poner esas cosas en práctica los pobres se lían.
Se lían, a veces, con lo de contar y, claro, algún milloncejo se escapa a la caja que no era. Pero sobre todo se lían al hablar, al abrir la boca y dejar salir algo que no haga sonrojar a los seguidores de su equipo o descojonarse a los rivales.
Véase por ejemplo a Boluda, ese señor de divertido apellido que, sin saber muy bien cómo ni por qué, ahora es presidente del Real Madrid. El hombre, que no la vio más gorda en su vida, se encontró de repente con una eliminatoria de Champions contra el Liverpool y dijo que los iban a chorrear. Luego lo arregló y dijo que, en realidad, lo que quería decir es que el Madrid les iba a pasar por encima o algo así. Todo muy juju-jaja, como acostumbran a hablar los que se han hecho ricos a base de herencia familiar. Luego llegó el partido y zas, 0-1 para el Liverpool y a ver si tienen huevos de remontar en Anfield.
Claro que Boluda aún puede tener una suerte como la catedral de Burgos y que el Madrid haga la machada, no como Del Nido. Al presidente del Sevilla se le ocurrió decir justo antes de la vuelta de semifinales de Copa ante el Athletic que se iban a comer a los leones empezando por la melena y terminando por el rabo. En el minuto dos el Sevilla ya perdía 1-0 y al descanso 3-0 y chorreo (estos sí) del público de San Mamés: "cómeme el rabo, Del Nido cómeme el rabo".
Y es que ya sabe. Es mejor estar callado y parecer idiota que abrir la boca y disipar todas las dudas.
Se lían, a veces, con lo de contar y, claro, algún milloncejo se escapa a la caja que no era. Pero sobre todo se lían al hablar, al abrir la boca y dejar salir algo que no haga sonrojar a los seguidores de su equipo o descojonarse a los rivales.
Véase por ejemplo a Boluda, ese señor de divertido apellido que, sin saber muy bien cómo ni por qué, ahora es presidente del Real Madrid. El hombre, que no la vio más gorda en su vida, se encontró de repente con una eliminatoria de Champions contra el Liverpool y dijo que los iban a chorrear. Luego lo arregló y dijo que, en realidad, lo que quería decir es que el Madrid les iba a pasar por encima o algo así. Todo muy juju-jaja, como acostumbran a hablar los que se han hecho ricos a base de herencia familiar. Luego llegó el partido y zas, 0-1 para el Liverpool y a ver si tienen huevos de remontar en Anfield.
Claro que Boluda aún puede tener una suerte como la catedral de Burgos y que el Madrid haga la machada, no como Del Nido. Al presidente del Sevilla se le ocurrió decir justo antes de la vuelta de semifinales de Copa ante el Athletic que se iban a comer a los leones empezando por la melena y terminando por el rabo. En el minuto dos el Sevilla ya perdía 1-0 y al descanso 3-0 y chorreo (estos sí) del público de San Mamés: "cómeme el rabo, Del Nido cómeme el rabo".
Y es que ya sabe. Es mejor estar callado y parecer idiota que abrir la boca y disipar todas las dudas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)