Se puede decir que impresiona, que mete miedo, que te deja frío. Lo puedes definir como una fábrica de muerte, porque eso era: un matadero de seres humanos. Judíos, gitanos, homosexuales, sí. Pero también niños, minusválidos y mujeres.
Gente que entraba en los trenes pensando que se iban a otro gueto y por eso marcaban las maletas con su nombre y cargaban los enseres de casa. Pero su nueva vida era la muerte.
Y luego está el campo II. Birkenau. Planificado para albergar hasta 200.000 prisioneros, pero que nunca tuvo a más de 100.000, porque la mayoría pasaban directamente del vagón a la cámara de gas. Birkenau, que ahora tiene hierba pero que cuando estaba en funcionamiento sólo tenía barro, porque los prisioneros se la comían.
Por eso, cuando me preguntan por mi visita a Auschwitz, lo único que puedo decir es que, por mucho que hayas leído, por muchas películas y documentales que hayas visto, solo cuando entras allí te das cuenta de verdad de que todo era cierto.