20.5.09

El gallo

Antes de mudarme a mi nueva casa y mi nueva vida, desayunaba delante del ordenador, leyendo los periódicos y repasando el correo. Ahora salgo a la miniterraza que tenemos en la cocina, que da directamente a un paisaje rural, con huertas, árboles y animalejos varios. La verdad es que no hay color.

Entre los animalillos hay un gallo, que canta puntual todas las mañanas y por las tardes sale de paseo con un par de gallinas. Es un gallo grande, con el cuello rojo y esos andares que se gastan los gallos cuando no hay otro cerca que les pueda bajar los humos. Escuchar el canto del gallo mientras desayuno, con los pajarillos de fondo y un bonito paisaje, es todo un lujo, para qué nos vamos a engañar. Me queda, eso sí, la duda de cómo de bonito será esto en verano, cuando haya que dormir con la ventana abierta y sea el gallo el que decida cuándo hay que escucharle, en vez de vivir bajo la tiranía del vidrio.

Por si acaso, me voy a comprar un tirachinas.

11.5.09

Sigo aquí, a ratos

No se alteren, ni se cayó el avión de vuelta ni he cogido la gripe A (nueva forma de llamar a la histeria colectiva, como pasó con la gripe aviar), simplemente estoy pendiente de que Telefónica me instale la conexión a internet en mi nueva casa, por lo que para acceder a la Red, aparte del curro, tengo que venir a casa de mis progenitores, que han tenido a bien seguir pagando algo que no usan para que yo pueda recrearme de vez en cuando (bueno, eso y enviar los mil trabajos retrasados de la Universidad).

Para los que estén pendientes de la Ponferradina (creo que había un ultra en Valencia), sabed que el domingo estaremos en El Ejido retransmitiendo el partido de ida de la primera eliminatoria, que también nos podría haber tocado un poco más cerca y no en la otra punta del país.

Y ahora vuelvo a luchar contra las pelusas, los platos sucios y la porquería de programación que nos regala la tele, que ya me había olvidado de ella.